Saturday, June 30, 2007

Biblioteca, siglo XXI

(Octava parte de la serie El Motor de Lagado).



Me encontré que David Langford, un famoso escritor de ciencia ficción de la Gran Bretaña, produjo hace 15 años más o menos un pastiche, es decir una creación literaria basada en otra obra, acerca de la Biblioteca de Babel de Borges. En él, Langford se imagina a la Biblioteca de Babel en nuestro época, como un portentoso artilugio informatizado en el que las búsquedas se ejecutan de la misma forma que los portales de búsqueda contemporáneos como Google o Yahoo. El texto es bueno, aunque la sintáxis es a veces un poco enredada, nada que ver con la fluidez magistral de la prosa de Jorge Luis.

El texto en inglés original lo pueden ver aquí.

Como estaba con ánimos, me dí a la tarea de traducirlo al español, tarea que llevó mucho más tiempo del que me hubiera imaginado, ya que como les digo, la peculiar sintáxis y el léxico empleado con abundancia de adverbios y construcciones muy propias del inglés no me dejaban satisfecho. Mi resultado está aquí.

Estaba con esto de la traducción cuando de pronto me puse a meditar en uno de mis problemas informáticos favoritos: la traducción automática o traducción mecánica. Utilicé el servicio de traducción de Google, que es el mismo que el de BabelFish de Altavista, basada en el motor Systran. Los indigeribles resultados de esta traducción automatizada los pueden encontrar aquí.

Es muy común en estos días referirise a uno de estos servicios gratuitos en línea para traducir un breve texto o una página web; sin embargo, los resultados aún dejan mucho que desear, ciertamente la traducción asistida por computadora con la calidad de un traductor profesional todavía nos elude. Creo que el trabajo que he realizado, con todo y las fallas y mi insoluble sentimiento de que mi traducción sigue siendo literal y poco fluída, es mejor que lo que cualquier software puede lograr hoy en día. Ante esto, decidí ir a WordLingo quienes ofrecen el servicio de traducción con traductores humanos y el texto se puede subir en el sitio, realizando el pago de la misma manera. La cotización que me enviaron por el breve texto de 3 páginas y 1706 palabras fue de $261 dólares americanos. Creo que seguiré haciendo las traducciones yo mismo.

Friday, June 29, 2007

Babelplatz

(Septima parte de la serie El Motor de Lagado).



En mis pesquisas recientes sobre Lagado, me encontré este otro texto que me era del todo desconocido.

El autor es de nacionalidad alemana, Kurd Lasswitz que en 1901 anticipó el relato de Borges con su cuento corto Die Universalbibliotek.

De pronto podría sentirme mal porque no fue un Latinoaméricano el primero en tener esa idea, pero recordaré la frase de algún maestro que en la secundaria nos dijo que nuestra patría es este planeta y me permitiré añadir que nuestra historia, es la historia de la humanidad y que Borges como Lasswitz fueron Ciudadanos Universales cuyas ideas, recurrentes a la largo de la historia son acaso el rocío mismo del Topus Uranus que permea las formas ininteligibles para la mente humana y la cristaliza en estas imágenes de bibliotecas sin fin.

Thursday, June 28, 2007

Los otros viajes de Gulliver

(Sexta parte de la serie El Motor de Lagado).

Por razones que seguramente obedecen a que los editores de cuentos para niños y los productores de cortometrajes de dibujos animados escogieron sólo aquello a su juicio es simétricamente lo más impactante para la mente del niño, la mayoría de la gente conoce únicamente dos de los muchos viajes de Gulliver... el primero a la conocida nación de Lilliput, donde habitan seres diminutos para los que el protagonista resulta un gigante desproporcionado; y el segundo, su oposición concordante, la tierra de los gigantes (porque a diferencia de Lilliput, casi nadie sabe o recuerda que el nombre de este país de colosos es Brobdingnag).



Podemos decir mucho de Los Viajes de Gulliver, espléndida obra de Jonathan Swift, publicada en 1726 y estimada como uno de los clásicos de la literatura inglesa. Este libro es un mapa perfecto de la misantropía humana, que combina una acérrima crítica al género humano y a la estructura social de occidente con parodias muy bien trabajadas de los relatos de viajes a tierras ignotas que cundían en la época de Swift. La obra está dividida en cuatro partes, siendo la primera el viaje a Lilliput; la segunda el viaje a Brobdingnag; la tercera a las tierras de Laputa, Balnibarbi, Glubbdubdrib, Luggnagg y Japón; y finalmente la cuarta y última el viaje al país de los Houyhnhnms, que es justamente la parte en la que Swift ilustra con mayor intensidad las abominaciones de la raza humana y constituye, por cierto, el orígen de la palabra Yahoo (de esto les hablo en otra ocasión). Sí, Los Viajes de Gulliver es uno de mis favoritos, y en la tercera parte encontré justamente el meollo de todo este asunto del Motor de Lagado.




Como les decía, una de las tierras a las que viaja Gulliver es Balnibarbi, cuya descripción la encontramos en el Dictionary of Imaginary Places (obra excelente que me obsequió mi hermana y es altamente recomendable). A continuación me permito traducirla:


BALNIBARBI:



Una isla en el Pacífico norte, entre Japón y California. La capital, Lagado, es un importante puerto para el comercio con la isla de Luggnagg. Navíos que zarpan de Maldonada (puerto de tamaño similar a Portsmouth en Inglaterra) regularmente se dirigen también a Luggnagg.

La capital es más o menos de la mitad del tamaño que Londres. Todas sus casas están en estado de deterioro y son construídas en un estilo peculiar. Los ciudadanos visten harapos y deambulan por las calles a trompicones con ojos salvajes y de mirada fija. En los campos, los jornaleros pueden ser vistos trabajando con una gran variedad de herramientas, pero es imposible decir con precisión qué están haciendo en realidad. A pesar de que la tierra es fértil, no hay señales de la existencia de pastos o de trigo o maíz.

La pobreza que reina en Balnibarbi es en gran medida responsabilidad de los llamados Proyectistas. Alrededor del año 1600, un grupo de personas se hicieron a la mar hacia Laputa y retornaron al cabo de cinco meses con los rudimentos de la matemática y sus cabezas llenas de espíritus volátiles adquiridos en aquella arrogante región. Inmediatamente se dieron a la tarea de ideas esquemas o "proyectos" para renovar todo lo que existe. Una Academia de Proyectistas fue instaurada en Lagado; hoy cada ciudad de mediana importancia tiene su propia academia. Los "proyectos" fueron diseñados para permitirle a un hombre hacer el trabajo de diez, para producir edificios que nunca se desgasten y para llevar a todas las plantas y cosechas a su madurez en cualquier época del año. La dificultad reside en que ninguno de estos esquemas ha rendido frutos y mientras tanto, el país yace en la desolación. Algunos lores o Munodi se opusieron a los Proyectistas, pero en última instancia, se vieron forzados a destruir sus casas y reconstruirlas al estilo moderno para evitar la hostilidad del populacho y el descontento de la realeza.

Un "proyecto" típico implica, por ejemplo, la extracción de rayos de sol de los pepinos: los rayos solares están hermeticamente sellados en viales y posteriormente liberados durante un tiempo inclemente. En otro proyecto, un arquitecto ha desarrollado un nuevo método para construir casas empezando por la parte superior y procediendo hacia los cimientos, argumentando que esta es la manera como abejas y arañas logran sus asombrosas construcciones. En la Escuela de Idiomas, se han establecido "proyectos" para la simplificación de la lengua mediante la remoción de los polisílabos y eliminando verbos y participios, con el fundamento de que todas las cosas imaginables son meramente sustantivos. Otro Proyectista está trabajando en la abolición de ciertas palabras. Se afirma que esto mejorará la salud de las personas al disminuir la corrosión de sus pulmones. La lógica subyacente es que debido a que las palabras representan cosas, sería más conveniente para los hombres cargar consigo las cosas que mencionan en su habla. Se dice que este "proyecto" podría haber sido puesto en operación si no hubiera sido por las amenazas de rebelión de mujeres y analfabetas que deseaban seguir hablando con sus lenguas a la manera de sus ancestros. Hay también un esquema pensado para descubrir conspiraciones en contra del gobierno mediante el examen de las dietas de los sospechosos, y de sus excrementos, con el fundamento que los hombres nunca toman las cosas más en serio como cuando defecan.

Aunque Balnibarbi es propiamente un reino, forma parte del imperio de Laputa, al cual le paga tributos.

(Jonathan Swift, Viajes A Varias Naciones Remotas Del Mundo. En Cuatro Partes. Por Lemuel Gulliver, quien fuera primero Cirujano y luego Capitán de varios Barcos, Londres, 1726).


Bueno, es en este contexto donde nace mi principal inspiración para el artefacto automático que mediante la combinatoria puede obtener eventualmente cualquier página de texto, páginas que encontraríamos en un libro de arena, o en cada uno de los volúmenes de la Biblioteca Total; fojas que podrían haber sido mecanografíadas al cabo de varias eternidades por innumerables primates. La máquina que llamo El Motor de Lagado. Pero no nos adelantemos, el pasaje específico se ubica en el capítulo V, de la tercera parte, que a continuación transcribo:

[...]

Pasamos luego al otro lado de la Academia, donde, como ya dije, se alojan los proyectistas especulativos.

El primer profesor que vi estaba en un vasto aposento y lo rodeaban cuarenta discípulos. Después de saludarnos, observando cuán atentamente miraba yo una especie de bastidor que ocupaba casi toda la anchura y longitud de la estancia, me dijo que acaso me asombrara verlo ocupado en un proyecto para mejorar el conocimiento especulativo mediante operaciones prácticas y mecánicas. Pero pronto el mundo comprendería la utilidad de ello, y se alababa de que jamás había concebido cabeza humana un pensamiento más elevado y noble que aquél. Todos sabemos cuán laborioso es el método corriente para llegar a poseer artes y ciencias, y, sin embargo, mediante su invento, la persona más ignorante, por un precio módico y un pequeño esfuerzo corporal, puede escribir libros de filosofía, poesía, política, leyes, matemáticas y teología, sin necesidad del talento ni del estudio. Me llevó luego al tablero o bastidor que yo había visto y a cuyos lados se alineaban sus discípulos. Tenía viente pies cuadrados y estaba colocado en medio de la habitación. La superficie estaba constituida por varios trozos de madera del tamaño de un dado, aunque unos eran más grandes que otros, y estaban unidos por diferentes alambres. Estos trozos de madera tenían en cada cara pegado un papel, y sobre estos papeles aparecían escritas todas las palabras del idioma en sus varios modos, tiempos y declinaciones, pero sin ningún orden. El profesor me dijo que pusiera atención, porque iba a enseñarme el funcionamiento de su aparato. A una orden suya, los discípulos empuñaron unos mangos de hierro que había alrededor del borde del tablero, en número de cuarenta, y, dándoles una vuelta rápida, toda la disposición de las palabras quedó cambiada totalmente. Luego mandó a treinta y seis de los muchachos que leyesen despacio las diversas líneas tal como habían quedado en el tablero, y cuando encontraban tres o cuatro palabras juntas que podían formar parte de una sentencia las dictaban a los cuatro restantes muchachos, que actuaban de escribientes. El trabajo se repitió tres o cuatro veces, y cada una, en virtud de la disposición del aparato, las palabras se mudaban a otro sitio al dar vuelta los cuadrados de madera.

Los jóvenes estudiantes invertían seis horas diarias en esta tarea, y el profesor me mostró varios volúmenes en folio mayor, conteniendo frases sueltas, que pensaba enlazar, para, sacándola de ellas, ofrecer al mundo una obra completa de todas las ciencias y artes, la cual podría mejorarse y aumentar si el público contribuyese a crear un fondo para construir quinientos aparatos semejantes en Lagado, obligando a los directores a contribuir a la obra común con sus aportaciones respectivas.

Me aseguró que había dedicado a este invento toda su inteligencia desde la juventud; que había agotado todo el vocabulario para reproducirlo en su aparato y hecho un serio cálculo de la proporción general que en los libros existe entre el número de artículos, nombres, verbo y demás partes de la oración.

Di a aquella ilustre persona mi más humilde agradecimiento por haberse mostrado de tal modo comunicativa, y le prometí que si alguna vez tenía la dicha de regresar a mi país le haría la justicia de proclamarlo único inventor de aquel aparato maravilloso, cuya forma y combinación le rogué que delinease en un papel. Le dije que, aunque en Europa los sabios tenían la costumbre de robarse los inventos unos a otros, y de este modo lograban cuando menos la ventaja de que se discutiese quién era el verdadero autor, tomaría yo las debidas precauciones para que él solo disfrutase el honor íntegro, sin rival.
[...]


Concluyo así el episodio de Gulliver y su asombrosa excursión a la Academia de Lagado. Años después, seguramente los tibetanos tuvieron conocimiento de este viaje e intentaron integrar la incipiente tecnología cibernética para concluir la tarea de sondear los Nombres de Dios y traer consigo el final de los tiempos.

Simios Mecanógrafos

(27 de Junio).

(Quinta parte de la serie El Motor de Lagado).



Recientemente examinábamos los dos relatos de Borges sobre bibliotecas infinitas. En "La Biblioteca Total", Borges menciona a Aldous Huxley como un justificador de las ideas de Demócrito y afirma que Huxley:

"[...] dice que media docena de monos, provistos de máquinas de escribir, producirán en unas cuantas eternidades todos los libros que contiene el British Museum [...]".

Remata con la nota de que "bastaría, en rigor, con un solo mono inmortal". A esta idea se le conoce comúnmente como el "Teorema de los Infinitos Monos", y afirma que si colocamos a un mono, a un grupo de monos a pulsar teclas de una máquina de escribir durante toda la eternidad eventualmente obtendremos una obra magistral de la literatura (se suele mencionar comúnmente a las Obras Completas de William Shakespeare).

Aunque las raíces de esta exótica idea pueden ser rastreadas desde los antiguos griegos, la imágen tal cual del mono mecanografiando fue planteada por primera vez en 1913 por el matemático francés Émile Borel en su Mécanique Statistique et Irréversibilité (Mecánica Estadística e Irreversibilidad). Borel en realidad no deseaba especular sobre las imposibilidades de los monos, sino al contrario, presentar un ejemplo claro de un acontecimiento extremadamente improbable, es decir... que un millón de monos, mecanografiando diariamente 10 horas diarias podrían muy pero muy pero muy improbablemente llegar a producir el contenido de los libros de las bibliotecas del mundo.

El soporte matemático de esta afirmación está recogido justamente en el Segundo Lema de Borel-Cantelli, pero sin entrar en los detalles técnicos de esta demostración matemática, digamos simplemente que el evento más improbable dada una repetición infinita de ocurrencias, ineludiblemente tiene una probabilidad de ocurrir igual a 1; o lo que es más: los monos escribiendo por toda la eternidad, con certeza, algún día obtendrán el texto completo de Hamlet. El truco aquí es no olvidarnos del concepto de "eternidad". Utilizando las fórmulas de Borel podemos llegar a calcular de que la posibilidad de que un mono picando aleatoriamente teclas llegue a escribir Hamlet es de 1 a 3.4×10e183,946. Para que la enormidad de esta cifra no se nos escape, simplemente recordemos que la cifra que obtuvimos es quintillones de veces más grande que el número de segundos transcurridos desde la creación del universo. Luego entonces, para cualquier efecto práctico, aunque la posibilidad teórica de que el mono escriba Hamlet pueda ser 1, la posibilidad de operar este evento en el universo observable es cero.

Hace cuatro años, investigadores británicos de la universidad de Plymouth pusieron en práctica el experimento y le dieron un teclado de computadora a seis primates durante un mes para ver que obtenían. El resultado fue publicado en "Notes towards the Complete Works of Shakespeare", título de un ensayo que no podemos calificar más que de satírico. El resultado del experimento fue que los monos escribieron 5 páginas de texto en donde predominan las letras "S" y "Q". Los investigadores también dieron cuenta de que los monos tenían una predilección por orinar o defecar sobre el teclado, o de golpearlo violentamente. De Shakespeare... nada. ¿O será más bien que no hemos esperado el suficiente tiempo?

En Los Simpsons se ilustró chuscamente el Teorema de los Monos Infinitos en el episodio "La última salida a Springfield" en el que el Señor Burns le muestra a Homero "mil monos con mil máquinas de escribir que pronto habrán terminado la novela más grande de la historia". Aquí tienen el video del segmento que menciono; o si lo prefieren, pueden ver el original en inglés.

Y bien... la reflexión de los monos mecanografiando incesantemente por toda la eternidad es otro componente más en nuestra búsqueda por El Motor de Lagado. Ya estamos muy cerca. Seguiremos por aquí.

Libro de Arena

(26 de Junio)

(Cuarta parte de la serie El Motor de Lagado).


Una última de Borges.
Su cuento "El Libro de Arena", en el que se examina también la existencia de un libro fantástico cuyas páginas son infinitas y está narrado en primera persona, casi adivinándose como si fuera el mismo Borges quien habla. El ambiente y la trama son ominosos, como un episodio de Twilight Zone y el final nos deja con esa misma desolación que experimenta la finitud de la mente humana en contacto con las cosas eternas.

El texto está aquí.

Nueve Mil Millones

(25 de Junio)

(Tercera parte de la serie El Motor de Lagado).

Hace unos días mencioné que un libro básico para iniciar un proceso de mejora continua personal es "La Profecía Celestina" de James Redfield; una de las ideas centrales de esa obra es la transición socio-cultural en el inconsciente colectivo de un segundo milenio de la historia (después de Jesucristo) hacia un tercer milenio; en el que se renuncia a la visión totalmente positivista como explicación de los fenómenos del universo y se reconecta al hombre con el sentido místico de la vida.


Muchos años antes de las ideas de Redfield, apareció el famoso libro "Le Matin des Magiciens", en español "El Retorno de los Brujos", escrito por Louis Pauwels y Jacques Bergier, dos franceses que le dieron al mundo un extraño trabajo, algunas veces elogiado como una exploración impertérrita de ideas universales contra el paradigma científico actual; y otras más vituperado como una delirante compilación de imprecisiones y enseñaciones fantásticas, inconexas con la realidad.

Lo cierto es que Pauwels y Bergier vendieron 2 millones de ejemplares en francés y en otras lenguas y su libro que resulta una gruesa recolección de fragmentos que hablan de alquimia, civilizaciones desaparecidas, esoterismo y parapsicología; pretendía en realidad ser un punto de partida para una nueva modalidad de pensamiento que ellos llamaron "realismo fantástico", una fusión de la ciencia y la fantasía y una renovada visita a conceptos enterrados actualmente por el positivismo imperante. Hoy en día, al releer el texto de El Retorno de los Brujos, debo decir que está estructurado en la forma de lo que hoy sería un "blog"; es decir, secciones que pretenden ser capítulos en los que se abordan las ideas, más o menos hiladas pero girando con una centrifugación propia alrededor de un motivo central del libro que se nos escapa por momentos, pero que palabras de Pauwels y Bergier es meramente su modesta contribución, a saber, demostrar que la realidad es mucho más amplia e inexplicable de lo que la ciencia nos ha proporcionado y sembrar esa ansia por buscar mediante otros caminos el conocimiento del cosmos.

¿Qué tiene que ver este libro con El Motor de Lagado? Bien, Pauwels y Bergier incluyeron en el libro múltiples citas e inclusive, transcripciones de textos de autores y pensadores cuyas obras suman a la masa crítica de lo que pretendían exponer, nuevamente, muy a la usanza de lo que hoy es un blog. Entre estos autores está notablemente Arthur Machen y H.P. Lovecraft (cuyas visiones de "El Mal Verdadero" examinaremos posteriormente); nuestro amigo Borges y Arthur C. Clarke, el afamado autor de ciencia ficción conocido especialmente por 2001: Odisea en el Espacio. El relato de Clarke que incluyeron se llama "Los Nueve Mil Millones de Nombres de Dios" y es muy relevante para la investigación que estamos haciendo, por lo cual, lo pueden descargar aquí.

Esto suma para nuestra reflexión actual y debemos ligarla al cuento anterior de Borges; no obstante, si Tzinacán, Mago de la Pirámide de Qaholom descubrió el verdadero nombre de Dios en la piel de los jaguares y decidió guardarlo; aquí vemos como este concepto pretende replicarse mediante una máquina, algo que intentaremos, de algún modo, más adelante.

Wednesday, June 27, 2007

Nombres de Dios

(24 de Junio)

(Segunda parte de la serie El Motor de Lagado).


¿Cuál es el Nombre de Dios?
En principio: Jehová.
Algún día les hablaré más de los Nombres de Dios, un tema en extremo interesante cuando se aborda desde el punto de vista de la Cabalá, la tradición hermética judaíca.
Hoy meramente quisiera seguir con otro pre-requisito para el proyecto de El Motor de Lagado. Para esto, hay otra lectura más de Borges que es pertinente, se llama "La Escritura del Dios". Es un cuento corto inspirado tal vez en algún ambiente mesoamericano. Vale la pena leerlo. Lo encuentran aquí.